El caos controlado: La adrenalina y técnica detrás de la fotografía de conciertos

El «pit» de prensa de un concierto no es lugar para dudas. Por regla general, los fotógrafos tenemos solo las primeras tres canciones —quizás diez o quince minutos— para capturar la esencia visual de un show de dos horas. Las luces estroboscópicas te engañan, el artista se mueve impredeciblemente y la presión es altísima. Es, sin duda, uno de mis escenarios favoritos para trabajar.

Cubrir música en vivo es un deporte de resistencia que exige un dominio técnico absoluto para poder olvidarte de la cámara y concentrarte en la acción. En BC The Factory, abordamos cada concierto como una misión donde la técnica debe servir a la emoción.

El arsenal técnico: Velocidad ante todo

En este entorno, la luz es un lujo escaso y cambiante. Por eso, el equipo debe estar a la altura. Olvídense de los lentes «kit»; aquí necesitamos «cristales rápidos». Mi arsenal indispensable son los zooms con apertura fija de f/2.8.

Un lente angular (como un 16-35mm o 24-70mm) es vital para capturar la escala del escenario, la interacción de la banda completa y la atmósfera del público. Pero el verdadero caballo de batalla suele ser el teleobjetivo 70-200mm f/2.8. Este lente es mi francotirador: me permite aislar el sudor en la frente del baterista, la expresión de éxtasis del cantante o el detalle de las manos sobre la guitarra desde la distancia, comprimiendo el espacio y eliminando distracciones.

La sensibilidad (ISO): Abrazando el grano

El miedo al «ruido» digital debe quedarse en casa. En un concierto de rock, si disparas a ISO 400, obtendrás fotos negras o movidas. La realidad de la música en vivo nos obliga a empujar la sensibilidad del sensor a límites altos: ISO 3200, 6400 o incluso más, dependiendo del recinto. La clave está en encontrar el equilibrio exacto para congelar el movimiento sin destruir el detalle. Un poco de grano es aceptable; una foto trepidada por falta de velocidad, no.

Javier Gurruchaga y La Orquesta Mondragón se presentaron este 15 de noviembre en el Lunario del Auditorio Nacional Fotos Bruno Cortés/Maya Comunicación

La cacería: ¿Qué buscamos en la imagen?

Pero tener el mejor equipo y los ajustes correctos es solo el 50% del trabajo. El resto es intuición y anticipación. No fotografías lo que ves; fotografías lo que está a punto de suceder.

Estoy constantemente leyendo el lenguaje corporal del músico. Busco el «momento decisivo»: el instante en que el bajista se despega del suelo en un salto, el segundo en que el guitarrista inclina la cabeza hacia atrás bajo un reflector cenital, o la conexión visual entre el frontman y la primera fila. Busco el sudor, la tensión de las cuerdas vocales y la energía cruda que define el rock and roll.

El objetivo final no es solo documentar quién tocó, sino transmitir cómo se sintió estar ahí. Es traducir el sonido ensordecedor en una imagen que grita.

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